LAS ESCALOFRIANTES AVENTURAS DE SABRINA

En un tono muy oscuro, macabro y siniestro, la bruja adolescente Sabrina, regresa a la pantalla de Netflix, ahora más adulta y metida en asuntos demoniacos más serios, aunque bueno, estando en el universo de Riverdale, ya conocíamos desde antes la naturaleza oscura de esta nueva serie.


Hay muchas cosas que no me gustaron de la serie El mundo oculto de Sabrina, creo que el ser tan originales y disruptivos para crear una serie más realista sobre lo que es el mundo de las brujas, termino siendo un proyecto que exalta como bueno cosas malas.
Yo me quedo con la versión de los noventas boba y hasta simplona, es más, prefiero el comic rosa de los setentas, todo menos esta Sabrina demoniaca.

Confieso que me había hecho un lío con Las escalofriantes aventuras de SabrinaPensaba que los episodios que se estrenaron este 5 de abril correspondían a una segunda temporada, aunque en Netflix aparezcan como partes 1 y 2. A mi favor diré que mi cerebro lo procesó así porque cada una de esas partes tiene diez episodios y las temporadas de las series de Netflix no tienen la extensión de los clásicos de networks.

Después de ver los veinte capítulos se hizo evidente que las dos partes pertenecen al arco de una misma temporada y eso explica la falta de ritmo de la serie, porque no necesitaba que su narración se alargara durante veinte horas. Ya solemos decir de muchas series de Netflix que a sus temporadas les sobran episodios y aquí, en lugar de trece son veinte.

(Fuente: Netflix)

Ya comentamos en nuestra crítica de los primeros cinco episodios de esta tanda que el arranque era muy lento para como habían quedado las cosas en los últimos de la anterior, porque el especial navideño lo podemos considerar como una coda de aquello. La cosa no remonta hasta los tres últimos, cuando sale a la luz la profecía esperada, Sabrina adquiere nuevos poderes y nos cuentan, por fin, qué papel jugaba en todo esto, cuál era la verdadera función de Lilith y cuál era el plan de Satán.

Ese antepenúltimo episodio, Los milagros de Sabrina, sirve para que confluyan los personajes del mundo mortal y el satánico de forma natural. Y demuestra que la serie de Sabrina funciona mejor cuando se usa la magia negra y hacerlo tiene consecuencias; no queremos ver a los estudiantes de la Academia de las Artes Oscuras interpretando obras de teatro ni haciendo espectáculos de magia tradicional.

(Fuente: Netflix)

El episodio siguiente juega con el tropo de los dobles, un recurso utilizado mil veces (además en esta misma serie, y solo dos episodios antes, con Ambrose y Hilda) con el que cuesta mucho sorprender y que aquí se resuelve de forma muy anticlimática con los poderes de Roz. Siguen sin saber qué hacer con los amigos mortales de Sabrina y los usan como instrumentos del guion, como en ese caso. De los tres, Theo es el más interesante y lo es por su viaje personal, pero su participación en la trama es anecdótica.

De la aparición del mismísimo Satán, lo mejor es la historia de Lilith. Y que sea el padre de Sabrina. Bueno, más o menos. El momento musical de El fantasma de la Ópera fue… curioso. No desentona en una serie como esta, pero pone al Señor Oscuro a la altura de cualquier angelito inocente.

(Fuente: Netflix)

Pero mejor pensemos qué podemos esperar en la segunda temporada. Sabrina quiere rescatar a Nick y para ello cuenta, ahora parece que sí, con sus tres amigos del insti. Ya veremos la que lía, pero si para recuperar a Nick en cuerpo y alma necesitan otro cuerpo vasija, una opción puede ser que Ambrose y Prudence en sus aventuras como cazadores de brujos malos atrapen a Blackwood y lo usen para tal efecto. Así también nos libramos de él porque es un villano de cartón muy cansino.

Lo que me da más curiosidad son las imágenes que nos muestran del nacimiento de Sabrina en las que hay dos bebés, ¿os acordáis de que Sabrina, la bruja adolescente tenía una gemela malvada? Katrina. Aquí va un emoticono sacando la lengua que no pongo porque no lo permite nuestro manual de estilo.

A pesar de todo, le daré una oportunidad más a la serie porque me gusta su universo y porque me deben el episodio dedicado a Salem, pero espero que cambien la estructura dramática. Cada parte de esta primera temporada fue un volver a empezar repetitivo (Prudence, por ejemplo, vuelve a tener el mismo arco de semivillanía, mi padre me decepciona, me convierto en aliada), un episodio a la mitad que corta el ritmo (sueños y tarot) y tres episodios finales en los que remonta. El arco que dibujan ambas partes no es el de una temporada sino el de dos, aunque solo hayamos visto una.

Solo puedo imaginar lo mucho que habríamos disfrutado con una primera entrega de 13 episodios. O diez.